Concha Jerez presentó en 1994 la instalación “Viajante de Paraísos Fragmentados” en el Museo del Ferrocarril de Madrid. El lugar a intervenir, la antigua estación ferroviaria de Delicias, ya se expresa por sí mismo, pues durante más de un siglo se dejó empapar de infinidad de vivencias personales. Podría decirse incluso que, gracias a las leves intervenciones realizadas por la artista en algunos de los objetos que habitualmente se exhiben en ese museo, el visitante pudo reflexionar sobre los múltiples retazos de historias que éstos esconden. Bajo los objetos allí expuestos, que la artista consideró adecuado no modificar, acetato transparente con escritos ilegibles tenía como función activar la memoria de las personas que se acercaron a visitar tanto la exposición colectiva “20 Mujeres Artistas” como la colección permanente del Museo Nacional del Ferrocarril. Además, espejos de plástico situados perpendicularmente a las vías reflejaron a los visitantes junto a las grandes locomotoras, como cúmulo posible de todo tipo de paraísos inventados. Por último, los farolillos situados a lo largo de los laterales de la estación ahondaron sus raíces en la memoria personal de Concha Jerez, quien se decidió a realizar un pequeño paraíso imaginario en el interior de cada farol porque desde pequeña había sentido gran fascinación por las leves llamas de esos faroles, que entendía como pequeños habitáculos.

 

En este orden de cosas, es posible mencionar esta instalación como la obra de Concha Jerez en la que un cruce entre fragilidad y memoria ofrece mejores resultados. A lo ya señalado, cabe añadir que la artista pertenece a una generación en la que el medio de transporte por antonomasia era el ferrocarril, si bien su caso es singular al viajar habitualmente en avión desde pequeña, debido a su relación con el norte de África. En cualquier caso, la memoria de la antigua estación de Delicias poco o nada tiene que ver con las estaciones y trenes contemporáneos, pues en aquellos años resultaba ciertamente complicado aislarse en un tren. Por otra parte, y dejando al margen la utilización de materiales endebles, la realidad sobre la cual se sustenta el discurso de “Viajante de Paraísos Fragmentados” tiene un contenido fortísimo de fragilidad. La artista considera que detrás de este tipo de vivencias se encuentra la fragilidad inherente al ser humano, que vive como puede y que al mismo tiempo tiene su pequeño orgullo y sus parcelas de dignidad. Esta unión entre fragilidad y memoria fue perseguida conscientemente por Concha Jerez, y por este motivo incluyó en el discurso de la instalación una pieza cuyo elemento principal es una banca rústica, “de pueblo”, que en principio se alejaba del resto de elementos de la obra. Se trató de una concatenación de vivencias y de asociaciones, de la conjunción de todo aquello que se había sentido y vivido en esa estación y de las realidades de la gente anónima de la España rural.
Nadie duda del sentimiento de fragilidad y confusión que inundó a todos aquellos emigrantes interiores en el momento de su llegada a estaciones de ferrocarril de ciudades como Madrid o Barcelona. Por este motivo situó Concha Jerez la pieza “Diario Límite Interior” en un sitio privilegiado que de algún modo presidió toda la instalación. Mencionaremos en último término el interés de la artista en poner al día la memoria del lugar, para lo que desechó la utilización de objetos que pueden remitir al pasado, sustituyéndolos por pequeños objetos kitsch.

 

Flores, Alberto; (2005) Intervenciones, Instalaciones Visuales e Instalaciones Sonoras de Concha Jerez, (tesis doctoral). Universidad de Extremadura. Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Historia del Arte, Cáceres. Tomo I, p. 133-134.