Instalación InterMedia/Intervención. Galería Trayecto. Vitoria-Gasteiz (España).

              

Obra In Situ que reflexionaba sobre la disociación y el fariseísmo que tienen lugar, continuamente, entre el discurso del Poder Político -difundido en tono triunfante por los Medios de Comunicación – y la realidad cotidiana de los ciudadanos, cuyos derechos mínimos discurren entre el embaucamiento y la agresión más feroz y directa.

Esa disociación y fariseísmo se sigue produciendo, por ejemplo, entre el contenido de los documentos sobre Derechos Humanos declarados y firmados por los responsables políticos de los países miembros de la ONU, o por los Jefes de Estado de los países de la CEE; y las infracciones que, por ejemplo, en 1992 denunciaron por parte de Amnistía Internacional en 161 países, incluyendo en ellos la casi totalidad de los países europeos.

En “TRAYECTO DE INTERFERENCIAS” se reflexionaba sobre ese Espacio “de nadie” entre el Espacio Privado y el Espacio Público, en el que el individuo puede verse reflejado y en función de ello resquebrajar, mediante la Interferencia, ese espacio Público en el que su presencia es una realidad ausente cedida a palabras vacías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para la reflexión se utilizaban dos grandes líneas estructurales: una línea que dividía la Galería en dos partes, integrada por una línea de espejos de plástico del tamaño de una baldosa de ancho con escritos pertenecientes a la declaración de Derechos Humanos de la ONU, “interferidos” por infracciones denunciadas por A.I. en países de América Latina en 1992; junto a otra línea alrededor de todo el espacio en un hueco situado junto al suelo en que se desarrollaba un texto sobre el Arte, el artista y la obra de Arte elaborado por José Iges y por mi en 1991.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre la línea de espejos, una gran mesa en la que hipotéticamente se sentarían los representantes de los doce países integrantes con textos de los Derechos Humanos firmados en 1990 por los Jefes de Estado europeos, éstos se encontraban ‘interferidos’ por infracciones denunciadas en 1992 por A.I. en once de los doce países integrantes de la comunidad. Sobre dicha superficie de espejo, platos y copas de champagne corrientes llenos de cristales rotos con escritos autocensurados, banderas de cada uno de los países y, en el centro, un gran globo terráqueo partido por la mitad, lleno también en su interior de cristales rotos con escritos autocensurados y una TV muy pequeña con los programas del momento.